Por: HONORIO AGOSTO
Fondita Corazón
El
ser humano constantemente busca sin cesar la tan anhelada paz. He ahí
el porqué recurre a tantos mecanismos con la intención de
alcanzarla. Sin embargo no puede haber paz sin serenidad. Ambas son almas
gemelas unidas por un hilo tan fino y transparente que solo logran alcanzar
aquellos que la obtienen a pesar de los tropiezos que trae consigo la vida.
Si
fuéramos a utilizar una ecuación perfecta para plasmar el
ideal sería: paz + serenidad = Dios y aunque invirtiéramos
los términos el resultado siempre nos conduciría a la fuente
inagotable de la paz, Dios. Él nos dota con las herramientas necesarias
para ser hombres y mujeres de paz, pero dándonos el libre albedrío
de seleccionar el camino a seguir. Un camino que debemos preparar día
a día sin temor o reparo alguno ante las espinas y abrojos que nunca
faltarán. Son esas dificultades las que fortalecerán o debilitarán
nuestra misión.
El
objetivo parece difícil, pero no imposible ya que todo radica en
cumplirlo paso a paso. Eso sí, de manera individual, no colectiva;
porque primero tenemos que abonar nuestro ser de mucha paz si queremos
trasmitirla a otros. La satisfacción redundará en que seremos
hombres y mujeres con una serenidad inquebrantable dispuestos a colaborar
en pro de una mejor calidad de vida. Los participantes egresados fueron
referidos a Fondita Corazón para solicitarle seguimiento ambulatorio.