Autora:
Elías Miranda
Y allí estabas tu en brazos
de aquella mujer mitad enfermera, mitad doctora, pero toda una santa por
tener un milagro en sus manos. Un milagro de Dios que me hizo suspirar
con tanto orgullo que creía que moriría; pero tuve que ser
fuerte. No quería dejarte huérfano el día que
naciste. Tu cuerpecito tan frágil. Tu carita de santito.
Te parecías a todos y a nadie. Y aunque se peleaban por ti
sabía que serias siempre de papito. Y mira para allá quién
lo diría. Estás tan alto como yo. Mirarte me
llena de emoción. Se me llena el corazón. ¡Eres
el mejor regalo que me ha dado el Señor! Han pasado tantos años
y ha parecido un ratito. Si me concentro un poquito recordaría
cada momento de tu vida. Aquellos tantos que pasamos junto y aquellos
otros que aunque no estuve contigo, poniendo tu confianza en mi, me contaste
y así los vivimos juntos.
Tus
pañales, tu botella, tus carritos, tu tambor. Y al sonreír,
una mella cuando el diente se cayó. Cuando pasaste de grado, tu
primera comunión, tu primera noviecita que a tu madre no gustó.
Cuando te creíste grande y me diste a mi la espalda; fuiste un joven
tan rebelde. Realmente me hiciste falta. Me fallaste. Te fallé.
Caminaste. Te observé. Y comprendí que ser padre
es mucho más que tener fe. Ser padre es ser un amigo. Ser
padre es ser un hermano. No importa como sea el hijo. Nunca negarle
la mano. Aunque seamos tan distintos. Aunque seamos tan iguales.
Aunque en momentos de tensión nos cantemos las verdades. Somos un
padre y un hijo. ¡Somos hermanos en Dios!
Espero haber sido buen padre porque
buen hijo tu has sido. Espero algún día en el cielo
nos encontremos unidos. Dame un abrazo hijo mío, de esos que tu
sabes dar. Apriétame contra tu pecho. En mis hombros
puedes llorar. No tienes que decirme nada. Sé que hay sinceridad.
Esos ojos tan hermosos tanto dicen sin hablar. Y si la emoción lleva
al llanto hoy te quiero acompañar. ¡ Eres mi hijo santo!
¡El mejor regalo de Dios a un papá!